Religiosas María Inmaculada

MISIÓN EN EL CHACO-PARAGUAY

 

“Misericordiosos como el Padre… salimos al Encuentro”

Este fue el lema de nuestra misión al Chaco Paraguayo, que llevamos a cabo desde el 8 al 25 de enero. Si bien la misión comenzó mucho antes, desde su preparación, pensando en las personas con las que nos encontraríamos. Llegaron desde Concepción de Chile cuatro chicas y una hermana, de Córdoba dos chicas y una Molavim, de Montevideo una joven, de Mendoza una Molavim en formación, desde Comodoro Rivadavia participó una hermana y desde Asunción una hermana y una joven.

Iniciamos nuestro viaje desde Asunción hasta Loma Plata, una ciudad que está a 473 km. Luego tomamos otro ómnibus interno y viajamos otros 85km más. La Comunidad de San Rafael nos esperaba con alegría, enseguida todo el mundo salió a saludarnos y a darnos la bienvenida.

El objetivo de este primer año de misión era entrar en contacto y conocer la realidad de las comunidades aborígenes que allí habitan y quienes nos habían pedido año anterior que fuéramos a misionar.

Fueron tres comunidades con las que pudimos compartir unos días: la comunidad San Rafael (Etnia Exnet), Tres Palmas (Etnia Sanapaná) y Campo Aroma (Etnia Toba Maskoy).

Nuestra misión consistió en: Por la mañana visitar las casas, compartir, rezar y regalarles estampas de los santos, del Jesús Misericordioso, etc. Y los invitábamos para la tarde a participar de los talleres. Taller de niños consistía en pintar, leerles cuentos, ayudarles a escribir. A los jóvenes además de compartir sus inquietudes también se les ayudó con la catequesis pintando las figuras y explicándoles quienes eran o los textos que estaban dibujados: por ejemplo, la anunciación.

Con los adultos además de conversar más sobre el ritmo de la comunidad, sobre su cultura y sus tradiciones, se hizo el rosario, se les explicaba el misterio y luego se rezaba el rosario. Esto fue un poco la temática en todas las comunidades, en algunas hubo algunas variantes según las situaciones que se presentaban.

Ahora paso a contarles lo que a todos nos impactó y la enseñanza que nos dejó la misión. Primero que estas comunidades son prácticamente todas católicas pero como están en un lugar lejano, difícil de entrar no tienen sacerdotes ni ministros ni religiosos que les dé los sacramentos ni los prepare con la catequesis, sin embargo la comunidad se reúne fielmente todos los domingos a la celebración de la Palabra sin recibir la eucaristía. Cuando dialogamos con las personas nos pedían con desespero los sacramentos, tantos niños sin bautizar. Estaban como desconsolados porque dicen que están olvidados, sin embargo ellos permanecen en su fe a pesar de que muchos menonitas le piden que se conviertan a su religión evangélica  a cambio de ayuda y ellos dicen que no que serán y morirán católicos. “Que grande es su fe” que sin poder recibir muchas ayudas hasta podrían perder la fe, pero no ahí están juntos en su capilla.

Otro es frente al grado de pobreza ellos no pierden la alegría, además la generosidad de ellos nos dejaba con la boca abierta porque siempre nos traían algo de sus casas, que si un zapallo, queso, carne, verduras, y también nos cuidaban, estaban pendientes de lo que nos hiciera falta. Y también nos daba impotencia ver tanta pobreza, tantas pocas oportunidades para los jóvenes que terminan el 6º o 9º grado. No tienen posibilidad de continuar sus estudios. A las jóvenes les ofrecimos la oportunidad de ir a nuestras casas de Horqueta y Asunción. En cambio los varones se quedan sin poder seguir, pueden ir a trabajar a las estancias cuando los van a buscar, pero si no no hay nada para hacer. Es difícil plantar algo por la escasez de agua, solo venden la leña y el carbón, pero siempre a un precio que no siempre les favorece.

También era asombroso ver como todas las tardes la comunidad se encontraba, a conversar, algunos jugaban al vóley o al futbol, todo en un ambiente fraterno. Se palpa la comunión y la unidad de la comunidad alrededor del “Líder”.

Cuando llegó el momento de las despedidas, además de hacerse difícil por haber compartido y hacernos amigos, la gente nos expresaba su cariño y ver a las jóvenes llorar y pidiéndonos que las lleváramos ya se nos rompía el corazón porque no podíamos. Ahora estamos tramitando para conseguir medios para traerlas.

FE, ALEGRÍA, FIDELIDAD, GENEROSIDAD, RESPETO, COMUNION, palabras que muchas veces hablamos y hablamos y quizás somos lentas para vivir y en cambio en ellos se hace vida.

Damos gracias a Dios por toda la experiencia vivida y pedimos a la Santa nos siga ayudando para poder ayudar a tantas jóvenes.

Hna Graciela Ponce